Termas en Argentina

Comenzando el siglo XX, la Argentina se comienza a perfilar como una potencia turística naciente, especialmente en la Belle Epoque se ve un auge de los grandes hoteles en los principales destinos turísticos de Argentina, tales como San Martin de los Andes, el imponente cerro Aconcagua, entre otros, a los cuales, casi en todos los casos, llegar era una auténtica aventura. Por aquellos años se construyó el Hotel Balneario Cacheuta, a pocos kilómetros de Mendoza capital, con una emblemática torre-ascensor que se conservó en la posterior reconstrucción del hotel, en 1986. El agua termal de Cacheuta procede de los deshielos, se filtra a gran profundidad –donde toma alta temperatura– y vuelve a subir al chocar con la roca granítica que compone el subsuelo de la región: así, afloran a temperaturas que van de 40 a 50 grados (y varían en función de las condiciones del clima).

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El hotel ofrece hoy un spa termal con aguas hipertermales, acompañado de tratamientos de belleza y relajación. Por su parte el parque termal cuenta durante todo el año con una piscina semicubierta semiprofunda a 37 grados, una piscina con burbujas, duchas masajeadoras, y una piscina para niños. En el exterior hay piletas descubiertas con tobogán y, desde septiembre hasta principios de otoño, abren dos de sus grandes atractivos: un río lento, con túnel y cascada, y una piscina generadora de olas. En el segundo y tercer nivel de piscinas, dos vaporarium invitan a desintoxicarse con vapores de agua termal. Para un poco más de aventura, se puede practicar trekking y rappel en la precordillera, rafting en el río Mendoza o tirolesa en el Puente Colgante de Cacheuta.

En el sur de la provincia de Buenos Aires, en aquellos territorios que eran indígenas hasta fines del siglo XIX, el lago Epecuén ofrece una importante condensación de minerales y una altísima salinidad (de diez a uno en relación con el mar), que les dieron a sus aguas fama de curativas. La llegada del ferrocarril, y con él de los primeros servicios turísticos, la consolidaron como un balneario de lujo. En los años ‘30, se la conocía como “Epecuén Ville”, una ciudad nacida en torno a numerosos hoteles y en constante crecimiento: sin embargo, las obras realizadas años más tarde afectaron el sistema de las lagunas encadenadas y el lago, que subió de nivel hasta sumergir al pueblo. Así, bajo el agua, quedó para siempre aquel pasado. Carhué logró dejarlo atrás y renacer como ciudad dedicada a las termas y los servicios de spa. Los principales hoteles ofrecen piletas y baños termales, además de masajes e hidromasaje, que se pueden complementar con servicios de relax y belleza, con productos elaborados a partir de esa inmensa salina húmeda que es el lago. Mientras tanto, para los más chicos hay diversión en el complejo recreativo La Isla, y es una buena opción destinar parte de la estadía a un día de campo en las estancias de la zona.

Termas marinas de San Clemente. Piscinas al aire libre, con aguas a unos 38 grados.
En las aguas de las Termas Marinas de San Clemente del Tuyú flotar no cuesta nada: aquí sería posible sacarse fotos leyendo el diario en el agua, como las muy conocidas del Mar Muerto. Es que estas aguas, que surgen a unos 1500 metros de profundidad, tienen tres veces la salinidad del mar, y una temperatura que ronda los 43 grados. Gracias a ellas nació este complejo en lo que era el parque Bahía Aventura, pegado a Mundo Marino, caracterizado por el faro que se levanta en medio de las instalaciones (y al que, por ahora, no se puede subir). Piscinas al aire libre, con una temperatura que ronda los 38 grados, invitan a sumergirse todo el año, y para los chicos, una de ellas tiene juegos que aumentan la diversión. Adentro, las piletas más calientes son pasivas: es decir, no está permitido nadar y se dedican exclusivamente al relax. Durante la jornada, se puede conocer la historia del Faro San Antonio, participar en una caminata con interpretación biológica del bosque, conocer el cangrejal y realizar el circuito aeróbico, solos o con la guía de un profesor de educación física. El complejo incluye un Museo del Mar y la Navegación, con instrumentos, maquetas a escala y objetos que trazan parte de la historia marítima en nuestras costas.

En Entre Ríos lo único difícil es decidir cuál de los numerosos complejos termales será el destino elegido, porque de norte a sur la provincia ofrece para todos los gustos. Poco a poco las principales localidades fueron construyendo centros de recreación y turismo gracias a las vertientes de agua que salen de las profundidades a altas temperaturas: Gualeguaychú, con los complejos Termas del Guaychú y Termas del Gualeguaychú; Chajarí, que cuenta con un parque de 40 hectáreas donde se construyeron cinco piscinas; Villa Elisa, con piletas cubiertas y descubiertas, entre ellas una de uso recreativo; las tradicionales de Colón; el nuevo complejo de San José, que incluye juegos acuáticos; las Termas de Federación, con aguas del acuífero Guaraní; Concordia, que tiene piletas pasivas y activas, y en cuyo lago termal las aguas se refrescan en verano; La Paz, con aguas termales de origen marino. Todas estas termas funcionan durante todo el año, y si en invierno sus aguas calientes resultan atractivas como promesa de bienestar, en verano los servicios de las piletas y parques recreativos las hacen igualmente concurridas. En todas ellas, además, se pensó en piscinas especiales para niños, con el agua a una temperatura adecuada y escasa profundidad

Fuente: pagina12.com.ar

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