Conozca la pequeña Brasilia de la Patagonia: Rawson

Rawson es la capital de la provincia de Chubut, la apodan  “la pequeña Brasilia de la Patagonia”, fue el primer asentamiento de los galeses en el sur, a fines del siglo XIX.
La ciudad fue fundada por el coronel Julián Murga en 1865 y declarada sede de gobierno provincial en 1957.

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En la actualidad, con más de 27.000 habitantes, Rawson muestra un importante crecimiento urbano y numerosos atractivos culturales, entre los que se destacan el museo Salesiano, de gran valor antropológico, el centro cultural José Hernández, el Centro de Rescate Histórico de la ciudad y la capilla Berwyn, entre otros edificios.

El parque recreativo General San Martín, que se encuentra a 3 kilómetros del centro urbano, es un excelente lugar para camping . Dentro de esta área de esparcimiento también funciona el zoológico.

En el puerto de Rawson , situado a 7 kilómetros en la desembocadura del río Chubut, las pequeñas embarcaciones pesqueras, denominadas “Flota Amarilla” reciben la compañía de los lobos marinos. En las cercanías, distintos restaurantes ofrecen exquisitos menúes con salmones, abadejos, merluzas y pejerreyes recién extraídos del mar.

Por estar ubicada en el valle inferior del río, posee un clima templado y seco. Durante los meses invernales, sus temperaturas oscilan entre los 0 y los 15°C y en verano alcanzan los 38° C.

A 1.470 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y a 17 de Trelew, a Rawson se puede acceder por vía terrestre, con la ruta nacional 3 y la 25, ambas pavimentadas

UNA PLAYA DE PINGUINOS
Una mañana espléndida nos recibió en la ciudad de las ballenas. Una bandeja colmada de tostadas, platitos con manteca, dulce de leche y de sauco y las particulares medialunas caseras del Apart Ty Coed desaparecieron casi en el mismo momento en que fueron depositadas sobre la mesa.Inusualmente apurados, terminamos el desayuno, cargamos la cámara fotográfica, el grabador, y salimos con rumbo a la Reserva Provincial Punta Tombo.

Decir que cerca de dos millones de pingüinos magallánicos nos estaban esperando, es una mentira piadosa; la verdad es que se dan cita allí desde septiembre hasta abril para nidificar, aparearse, incubar los huevos y alimentar a sus crías, brindando un espectáculo único sobre el continente.

De Puerto Madryn, salimos con dirección sur por la Ruta Nac. 3 y, tras 70 km. de recorrido, tomamos la Ruta Prov. Nº 1, que nos condujo hasta Punta Tombo tras 107 km. por un camino de ripio.

En esta clase de caminos recomendamos un manejo tranquilo y cuidadoso, ya que este tipo de rutas resulta sumamente peligroso para los amantes de la velocidad. No sobrepasar los 60 km por hora es una buena receta.

Al llegar, igual que todos los que visitan la reserva, nos dejamos sorprender por la interminable visión de miles de pingüinos, que de aquí para allá, buscaban sus nidos o corrían tras sus pichones.

El guía que nos acompañó nos explicó que el predio donde se emplaza la reserva pertenecía a la Estancia La Perla, y que había sido donado por Luis y Francisco La Regina.

El objetivo de esta reserva es proteger una de las colonias de aves marinas más diversas de la Argentina y la mayor colonia continental del pingüino de Magallanes, con casi dos millones de individuos.

A medida que nos fuimos acercando a la Punta, en medio de la típica estepa patagónica, árida y desolada fuimos observando una actividad sorprendente.

Una masa rocosa de 3 km de largo por 600 m de ancho se interna en el mar. Cubierta por arenas, arcillas, predregullo y rodeada de amplias playas arenosas, alberga la mayor concentración de aves marinas de todo el litoral patagónico. La zona de cría se halla concentrada en los terrenos arenosos ubicados en la base de la Punta

El suelo se encuentra plagado de cuevas, donde los pingüinos ponen sus huevos y crían sus pichones.

En silencio, observamos la actividad febril que domina la colonia, ya que mientras algunos pingüinos excavaban sus cuevas, otros se peleaban por el territorio, a la vez que el continuo rumor de rebuznos -la voz de los pingüinos- dominaba el ambiente.

Aprendimos que los machos son apenas más grandes que las hembras y que tienen picos más largos y anchos. Un macho pesa alrededor de 4 ó 5 kg y alcanza su madurez sexual a los 5 años.

El experto guía que nos acompañó en la visita nos comentó que las hembras ponen generalmente dos huevos a comienzos de octubre y tras 40 días de incubación compartida con el macho nacen los pichones.

A diferencia de otras especies de aves, ambos sexos defienden el nido y alimentan a los pichones con peces como anchoítas y calamares.

Además, Punta Tombo es un paraíso para otras aves marinas que han elegido este sitio para nidificar. Las gaviotas vocineras grises o australes, las skúas o salteadores , dos especies de cormoranes –el real y el de cuello negro o roquero-, el pato vapor, palomas Antárticas, y varias especies de gaviotines y petreles gigantes son las aves que pudimos encontrar nidificando en este sector.

La inusitada concentración de avifauna, y el fácil acceso para la observación, constituye un espectáculo mundialmente conocido, por lo cual te invitamos a conocerla al igual que nosotros. Que la disfrutes.

GUSTO DEL PUERTO
Gastronomia en Patagonia

El refrescante y veloz paseo en el semi-rígido nos dejó sin palabras. Viajar a gran velocidad, casi al ras del agua en búsqueda de la tonina overa fue una experiencia alucinante.

Después de observar el inédito espectáculo del delfín patagónico, que surfeaba y realizaba saltos en la inmensidad del escenario oceánico, volvimos al puerto de Rawson. A lo lejos, sólo quedaba el vestigio de la brillante estela que había dejado sobre el agua, que de a poco desaparecía.

El aire del mar despertó nuestro apetito y, como la hora coincidía con la del almuerzo, decidimos hacer un alto en la jornada para deleitar nuestro paladar en el mejor lugar del puerto pesquero: Cantina Marcelino

Ubicado frente al puerto de Rawson, íconos pesqueros ambientan el cálido salón de Cantina Marcelino.
La propuesta gastronómica es amplísima, pero su especialidad gira en torno a los pescados y mariscos.

El lugar se encuentra colmado de historia. Fundado en 1971 por la abuela de los actuales dueños, doña Guina de Luca González, continúa con las reglas que le hicieron ganarse un lugar en el puerto de la ciudad y en los corazones de todos los rawenses: higiene, calidad y buena atención. Hoy lleva el nombre de quien fuera su esposo, don Marcelino González, que en el año 1955 llegó a la región para construir la escollera norte, convirtiéndose en uno de los primeros pobladores del lugar

Una vitrina exhibe varios trofeos obtenidos por Carlos Rocco, el camarero “estrella” del lugar, que ganó en repetidas oportunidades los campeonatos regionales de mozos, coronándose con el título de Campeón Sudamericano de la especialidad, allá por el año ´82.
Rápidamente nos dimos cuenta el por qué de las distinciones obtenidas, ya que él fue quien nos atendió.

En esta oportunidad pedimos una picada de frutos del mar. Una bandeja con veinticinco cazuelitas poblaron nuestra mesa. Rabas, cornalitos, cholgas, vieiras, pulpitos, calamaretis, calamares, caracoles, pejerrey, salmón, langostinos y diversas salsas fueron regados ante nuestros sentidos. No tardamos en “atacar” la sugestiva entrada, que en un santiamén se transformó en minúsculos vestigios.

Como plato principal, no dudamos en aceptar la sugerencia de “nuestro” mozo: un exquisito abadejo Rocco. Este pez de mar estaba acompañado con una salsa especial con cebolla de verdeo, panceta ahumada, crema, pimienta negra, sal y una guarnición de crocantes papas a la española. ¡Riquísimo!

Para finalizar, optamos por el tradicional flan casero con crema. Para ese entonces estábamos más que satisfechos. Comimos muy bien, por lo que prometimos regresar en la primera oportunidad que se nos presentara. Los frutos del mar habían hechizado nuestros sentidos.

Fuente: vacacionesydestinos.com.ar

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